Cínico
Porque siempre me venías contado tus historias con las otras.
Y yo sufría en silencio.
Porque para ti era una confianza extra que afianzaba nuestra amistad.
Pero yo no quería saber de tus encuentros con MariLuz, Elena, Irene, Margarita, Carmen, Rosalía, nombres que revoloteaban en mi cabeza torturando mi ego, en especial Nuria, la altaricona, una especie de idealización del placer para ti. Al fin y al cabo no dejaban de ser mis amigas.

Y tus descripciones pormenorizadas de vuestros encuentros reconozco que al principio me provocaban cierto morbo que acababa siempre en una esplendorosa sesión de lujuria.
Más la repetición de sucesos provoca siempre un cansancio que acaba por agotar. Y que presumieses de tus conquistas conmigo en vez de con la panda de amigotes con la que te ponías ciego a cervezas después de vuestras partidas de tenis no acababa de ser muy normal.
Ahora, tarde, comprendo poco a poco el sentido de todo aquello, ahora que la extraña pandilla que entre todos conformamos se ha dispersado como arena al viento, escapando como líquido entre la manos...

Tojeiro dijo
Es que la prespitacion es lo que tiene, ya no se puede prespitar uno tranquilo
12 Septiembre 2006 | 01:54 PM