Le conocí una lejana noche en el Malcolm House.
Su indiferencia conmigo me exasperaba, pero sabía que al fin sería mío.
He de reconocer que los mejores recuerdos, los polvos mas añorados, siempre irán unidos a él.
Miro hacia atrás y no logró aún explicarme cómo pude engancharme tanto.
He sido feliz.
Me he arrastrado por ti.
Lloro.
Te necesito, hijo de la gran puta.
3 comentarios
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Anda...., pendón!!!!!
Desde luego, los hay malos, pero malos, malos.
Ven a mis brazos, María Viciosa, y desahógate con el tío Farruco mientras no vuelve ese bribonzuelo.
Consideraré seriamente esa propuesta Farruco, ahogaremos mi angustia en alcohol y mezclaremos sabiamente nuestros fluidos...