Le conocí una lejana noche en el Malcolm House.
Su indiferencia conmigo me exasperaba, pero sabía que al fin sería mío.
He de reconocer que los mejores recuerdos, los polvos mas añorados, siempre irán unidos a él.
Miro hacia atrás y no logró aún explicarme cómo pude engancharme tanto.
He sido feliz.
Me he arrastrado por ti.
Lloro.
Te necesito, hijo de la gran puta.