Porque siempre me venías contado tus historias con las otras.
Y yo sufría en silencio.
Porque para ti era una confianza extra que afianzaba nuestra amistad.
Pero yo no quería saber de tus encuentros con MariLuz, Elena, Irene, Margarita, Carmen, Rosalía, nombres que revoloteaban en mi cabeza torturando mi ego, en especial Nuria, la altaricona, una especie de idealización del placer para ti. Al fin y al cabo no dejaban de ser mis amigas.

Y tus descripciones pormenorizadas de vuestros encuentros reconozco que al principio me provocaban cierto morbo que acababa siempre en una esplendorosa sesión de lujuria.
Más la repetición de sucesos provoca siempre un cansancio que acaba por agotar. Y que presumieses de tus conquistas conmigo en vez de con la panda de amigotes con la que te ponías ciego a cervezas después de vuestras partidas de tenis no acababa de ser muy normal.
Ahora, tarde, comprendo poco a poco el sentido de todo aquello, ahora que la extraña pandilla que entre todos conformamos se ha dispersado como arena al viento, escapando como líquido entre la manos...
servido por maria-viciosa-web
2 comentarios
compártelo
No tenía que haberte dejado pasar, pero aún no habíamos recorrido más camino que el de la amistad, no muy profunda, por cierto.
Nada podía entonces hacerme sospechar.
Pero llamaste a mi puerta y te apalancaste en el sofá.
Desconocía tus intenciones pero ahora me las puedo imaginar.
No recuerdo de qué hablamos, da igual.
El caso es que, sin saber aún muy bien porqué, tu cabeza entre mis piernas no paraba de explorar.
Cómo llegó ese momento no lo puedo explicar.
Tu lengua recorría paladeando mi humedad, excitada y entregada yo me abandonaba, sorprendida, agradecida, empece a jadear.
Momentos dulces, ojos cerrados, sensaciones vividas, queridas.
El tiempo se detuvo en aquel Ático F, de felicidad.
Sintiendo.
Viviendo.
¿Qué es sino la existencia más que un camino de exploración sexual?.
Dijiste que conmigo la noche querías pasar, y subimos a mi dormitorio, yo ya era consciente que íbamos a follar.
Todo mi cuerpo habías besado y me tocaba a mi actuar.
Con un ansia enorme te empecé a devorar, desnudos ya, esa sensación que nos da un cuerpo nuevo me volvía a embargar, mi boca tu pene no paraba de chupar, estaba como poseida, loca por disfrutar.
Me agarraste la cabeza, me empezastes a besar, acercando mi cuerpo fibroso a tus ganas de penetrar.
Como adolescentes febriles que aún esos juegos no logran dominar comprobamos que el acople perfecto no acababa de llegar.
Esos nervios de lo que sabes que va a pasar impedían una penetración normal, la poca conciencia que quizás me quedaba se oponía a esa realidad, estabámos saltando una linea imaginaria, jamás hubiera pensado que tú y yo así pudiéramos acabar.
Pero cogiste las riendas y aquello empezó a funcionar, manejabas mi cintura con extrema suavidad, pero con fuerza comenzaste a entrar. Mis breves pechos no parabas de besar, duros mis pezones, me hacías gozar.
Mi coño acogía cálido tu empuje, se apretaba a ti, me gustaba, si, reconozco que muchas veces sueño con aquel primer encuentro, con aquella salvaje sensualidad que nos envolvió.
Semen, sudor, calor, mis fluidos mezclados con la pasión.
Descansamos un rato sobre el edredón. Recuerdo mucho más sexo en aquella bendita ocasión.
Me humedezco rememorando ese famoso episodio de iniciación.
Buenos polvos, si señor.
servido por maria-viciosa-web
1 comentario
compártelo

¿Porqué tuviste que largarte a Barcelona a rodar porno?
¿No había un sitio más alejado de mí?
Cerdo egoista.
servido por maria-viciosa-web
4 comentarios
compártelo
Le conocí una lejana noche en el Malcolm House.
Su indiferencia conmigo me exasperaba, pero sabía que al fin sería mío.
He de reconocer que los mejores recuerdos, los polvos mas añorados, siempre irán unidos a él.
Miro hacia atrás y no logró aún explicarme cómo pude engancharme tanto.
He sido feliz.
Me he arrastrado por ti.
Lloro.
Te necesito, hijo de la gran puta.
servido por maria-viciosa-web
3 comentarios
compártelo